La Manga

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martes, 10 de noviembre de 2009

Las encinas centenarias de La Manga I



Cuando se va de Benaocaz a Villaluenga, pasada el área recreativa de El Cintillo, la carretera da un giro en una  curva de pronunciada pendiente y entonces la dirección cambia de Norte-Sur a Este-Oeste y el visitante se adentra, casi sin darse cuenta, en uno de los más espectaculares paisajes que se pueden ver en la sierra de Cádiz, La Manga de Villaluenga, que no es más que un enorme pasillo natural encajado entre dos sierras impresionantes, la del Caillo al Norte y el Chaparral al Sur. Este paraje goza de protección dentro del PORN del Parque Natural de Grazalema por su excepcional valor paisajístico. Lo que quizá también llame la atención del visitante es que en La Manga apenas hay árboles, en el extremo oriental, ya cerca de Villaluenga se pueden ver unos pocos ejemplares de almendro de gran porte y, en el extremo occidental, cerca del mirador del Cintillo se pueden (o casi mejor decir se podían) observar unos magníficos ejemplares de encinas centenarias que son las que voy a tratar en este reportaje.


En concreto se trata de entre 20-30 encinas situadas en la ladera Norte del cerro del Atochar y que están muy próximas a la carretera. No son unas encinas cualquiera, seguramente algunas de ellas dieron sombra  a bandoleros en los tiempos de José María el Tempranillo y vieron pasar tropas napoleónicas hace doscientos años. Lo cierto es que resistieron durante todo este tiempo a las inclemencias del tiempo, al hacha y a los incendios. La vejez de estos ejemplares se aprecia en dos indicios claros, el interior de los troncos está hueco, ya que la madera muerta del interior se pudrió y/o ardió en distintos incendios hace ya muchos años, la otra prueba de la vejez es que la unión del tronco con el terreno ha quedado descubierta en muchos lugares debido a que se desprendieron las rocas que lo sustentaban, quedando a la luz unas raíces con formas de "garras" a modo de patas como se puede ver en las siguientes fotos.




En la foto aérea del famoso vuelo americano del año 1956, ya se aprecia este grupo de encinas, incluso se puede ver que había algunas más que las que se ven en la otra foto de octubre de 2002.


Fotografía del "vuelo americano". Año 1956. (Fuente: CMA Junta de Andalucía)



Fotografía aérea del 2 de octubre de 2002 (Fuente Google Earth)

Llama la atención, al comparar ambas fotografías, como se ha ido formando bosque (fundamentalmente encinas y acebuches) tras cincuenta años en la ladera solana de La Manga, pero es que a mediados del siglo XX la presión que había sobre las especies forestales del monte era mucho mayor que la que hay ahora, aquellos eran tiempo de carbón y leña, a medida que el uso del gas y de la electricidad se hacía extensivo disminuyó la presión sobre el monte y el carboneo cayó en decadencia.

La tragedia para estas encinas llegó un 12 de julio de 2006 cuando se originó un incendio en La Manga, léase con sarcasmo lo de "se originó" ya que realmente el origen del fuego tiene nombres y apellidos y anda a dos patas, el caso es que en plena ola de calor y con fuertes vientos, gran parte del matorral y pasto de La Manga ardió en un voraz incendio que también se llevó por delante algunas de estas encinas centenarias. En aquel año aprovechando el puente del Pilar estuve por allí e hice estas fotos a los tres meses del incendio (fotos del 13/10/2006),




Se observa como algunos de los árboles está calcinados y como el suelo está desnudo sin matorral ni pasto alguno. Menos mal que las primeras lluvias hicieron su aparición y de nuevo brotó la vida, en la siguiente foto se aprecia las hojas de una cornicabra que brota entre los ramas calcinadas de lo que un día fue el matorral del sotobosque del encinar. Recuerdo que ese día se me tiznaron los pantalones mientras hacía las fotos...















La siguiente es un panorámica de La Manga en la que se puede apreciar qué pies de encinas se vieron afectados por el incendio (de color marrón) y cuales no (de color verde).


Lo cierto es que tres años después del incendio lo que muestro a continuación es lo que queda de muchos de los ejemplares que allí habitaban (las fotos son del 1 de noviembre de 2009). Es desolador ver el esqueleto hueco a modo de chimeneas de árboles centenarios. Sirva este artículo como homenaje a las últimas encinas supervivientes por haber aguantado el envite del tiempo y de la acción del hombre, con el deseo de que sigan acompañándonos por muchos años más...

















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Este es uno de los que más llama la atención, parece tener dos brazos y un aspecto tétrico, es cuestión de tiempo que sus ramas se caigan y el tiempo lo borre, así que para no hacer un cierre muy triste mejor terminar con una imagen esperanzadora...la de la encina luchadora que aun derribada, quemada, hueca y retorcida...sigue brotando. 


4 comentarios:

Tercer Tiempo dijo...

Recuerdo ese día de Julio. Un amigo de Ubrique me llamó desolado dicieéndome que la Manga estaba ardiendo.
Bonito reportaje.
Pedro Sánchez

Carlos dijo...

Un enamorado más de la Manga de Villaluenga te felicita y agradece tu reportaje, necesitamos aprender y saber para poder respetar la naturaleza y su entorno.
¿Se puede repoblar la Manga de Villaluenga?

Selu dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Hay zonas de La Manga que se están repoblando de forma natural como se puede ver comparando las fotos del 56 y del 2002, sobre todo en la parte de la Sierra del Cintillo, fundamentalmente por encinas y acebuches, el resto de La Manga presenta laderas muy escarpadas y poco suelo para que agarren especies forestales, aunque sorprende ver que en la zona donde se quemaron las encinas centenarias, apenas hay retoños o encinas jóvenes, por lo que tampoco estaría mal una ayudita y realizar alguna repoblación, pero no sé si aquello es terreno público o privado, al fin y al cabo es la propiedad la que tiene que impulsar este tipo de iniciativas, intentaré averiguar algo.

José Ramón dijo...

Magnifico pueblo de la sierra lo conocí en septiembre de este año. Un Cordial Saludo desde Creatividad e imaginación fotos de José Ramón